Etnografía y folclore en el Concejo de Cabranes

Santolaya › Cabranes › Asturias

[EuroWeb Media]

Ruta GPS

Teléfonos: Oficina de turismo

985 898 002

 

Datos básicos

Clasificación: Etnografía

Clase: El concejo

Tipo: Varios

Comunidad autónoma: Principado de Asturias

Provincia: Asturias

Municipio: Cabranes

Parroquia: Santolaya

Entidad: Santolaya

Comarca: Comarca de la Sidra

Zona: Oriente de Asturias

Situación: Montaña de Asturias

Dirección: Santolaya

Código postal: 33310

Cómo llegar: Etnografía y folclore en el Concejo de Cabranes

Dirección digital: 8CMPCH8Q+Q4

E-mail: Oficina de turismo

E-mail: Ayuntamiento de Cabranes

Sobre Cabranes: Ejemplar, rural, con sabor a arroz con leche y a boroña, con frondosos bosques y generosos prados, espacio de tranquilidad y silencio rural. Así es Cabranes, con N de naturalmente.

Tipo de turismo: accesible, arqueológico, carreras de montaña, descanso, ecoturismo, gastronómico, lgtb, montaña, monumental y rural.

 

Etnografía y folclore en el Concejo de Cabranes

Nota: No disponemos de foto de Etnografía y folclore en el Concejo de Cabranes, mostramos un detalle del mapa de la zona. Si observa algún error en el contenido, agradecemos use el formulario que hay a pie de página.

Descripción:

La vivienda tradicional

La vivienda tradicional de Cabranes, en la que solían compartir espacio personas y animales, es de adobe y mampostería unido con argamasa, podía estar revocado interna o externamente.

Aunque lo predominante son casas de planta baja, en altura, la vivienda podía tener hasta dos alturas. En planta, la estructura es la siguiente: portal o estragal, desde el que se accedía a todas las estancias del edificio; la cocina o llar, separada o no del portal mediante tarimas o tabique. Paradigma de este tipo de vivienda son las construcciones del pueblo de Viyella. En sus once casas se empleó para su construcción tornos de madera en vez de clavos.

Dos son los elementos utilizados para elaborar la comida: el llar y la «forna». El llar o fogón, inicialmente sobre el suelo, está protegido por piedras o ladrillo. Con posterioridad, se comienza a utilizar el llar alto, sobre poyo o meseta y, más tarde aún, llegan al concejo las cocinas bilbaínas, de carbón o leña. Sobre el llar se colocaban las trébedes, útil éste de hierro en forma de aro o triangular con tres pies, que servía de asiento a los cacharros de cocina. Algunas trébedes tienen mango con un pie al final para facilitar su retirada del fuego sin quemarse. Asimismo, sobre el llar se colocaban «les calamiyeres» o «caramilleres», cadenas éstas de hierro que colgaban de la chimenea o de un hierro en forma de triángulo rectángulo, el cual giraba sobre unas bisagras para apartar «les calamiyeres» a voluntad del fuego. «Les caramilleres» terminan en un gancho sobre el que se colgaba la caldera. Asimismo, tenían otro gancho para unirlo a algún eslabón de la cadena para subir o bajar la caldera.

Sobre el llar, y por debajo del tiro de la chimenea, se colocaba el «sardo», tejido de mimbre o avellano de unos dos metros de largo, que servía para poner a secar sobre él determinados frutos: castañas, avellanas o nueces. Por extensión, también se denominaba «sardo» a pequeñas bandejas de mimbre que servían para servir la comida sólida: torta, boroña, etc.

El útil de cocina más común era el pote, cacharro de hierro muy barrigudo, de boca ancha, que se apoyaba sobre tres pies. Para poder asirlo, portaba dos asas pequeñas y opuestas y otra grande semicircular, que servía para colgarlo de «les calamiyeres». Como inicialmente no tenían mesa, se comía a rancho directamente de dicho pote. Posteriormente, se implanta la escudilla, vasija semiesférica. Y el proceso culmina con la incorporación de platos de barro y, recientemente, de loza.

Otro útil importante es la «ferrada» o herrada, caldero de tablas de madera verticales que se usaba para transportar el agua. Las tablas se amarraban mediante grandes cilindros de hierro o latón, más anchos en la base y boca que en el resto del cuerpo. Para transportarlos y manejarlos tenían un asa semicircular que arrancaba de unas anillas. Se extraía el agua de ellas mediante el cangilón, del cual se bebía directamente o se echaba en vasos. Los vasos, de barro cocido, son más altos que anchos.

La «forna» u horno de leña para cocer o «roxar» la boroña suele estar proyectado en planta hacia el exterior.

En torno al llar, las familias «conceyaban» o hablaban a veces con el riesgo de quemarse debido a que saltaban chispas:

«María, si vas al monte,

no me traigas leña verde

que estándome calentando

me saltó una chispa al dengue».

La planta baja tenía como solado tierra batida o entarimado de madera.

El acceso a la primera planta se realiza por escalera de mano o de peldaños. A tal fin, podía contar con una trampilla en el piso superior, a través de la cual se accede al mismo. El primer piso podía tener, a partir del XVIII, corredor con rejas o barandillas que se desarrollaban entre columnas con o sin capiteles (algunos podían estar tallados). Los corredores se utilizan para secar las cebollas, los ajos, las alubias, el maíz, etc., que, una vez secas, se almacenan en el desván o en el hórreo.

Carecían de retrete; éste no se utiliza hasta el siglo XVIII, momento en el que empieza a extenderse su uso. Su ausencia era cubierta con la cuadra.

Para asearse se utilizaban los palanganeros, en madera o hierro, y en los cuales encajaba una palangana y o un jarro para traer el agua.

La planta alta, cuando existía, era la destinada a las habitaciones. Sobre ella, o directamente sobre la planta baja, se colocaba el desván. La cubierta se hacía a teja vana.

El mobiliario era escaso. Para sentarse se solían utilizar el escaño y las «tayuelas», banquetas de tres pies o troncos de árbol partidos.

El escaño era un banco corrido para tres o cuatro personas sujeto a la pared. Posteriormente complican su estructura mediante una tabla horizontal giratoria que se mueve sobre unos brazos laterales, uno a cada lado del escaño. Esta tabla horizontal que servía de mesa provisional tiene una anchura de 40-50 cm. Cuando se terminaba la comida, se subía la tabla, que quedaba pegada a la pared, por lo que ésta ya no ocupaba espacio.

Otros muebles de cocina son las «esperas», las maseras, las alacenas, los anaqueles y el calderil.

Las «esperas» son tablas con garfios sobre los que se colgaban los útiles de cocina (sartenes, cazos, etc.) o carnes (de vacuno, de ave, etc.).

Las maseras son mesas dedicadas a amasar los cereales molidos y a guardar el pan.

La ausencia de armarios es suplida con alacenas en las paredes, con o sin puerta, y con los anaqueles.

El calderil es un soporte de madera del que se colgaban las «ferradas» o las calderas. Podían tener o no visera para que la basura no cayera en los recipientes.

No solían tener armarios roperos. Las ropas se colgaban de clavos o perchas y, para protegerlas, se cubrían con telas. La función de armario ropero la desempeñaban los baúles, en los que se solía guardar la mejor ropa. Los mejores baúles del concejo son los traídos por los emigrantes. Solían carecer de reloj.

Las camas tenían un armazón de madera, hierro o bronce, en el que encajaba el somier, normalmente hecho con sogas de esparto tejidas en retícula sobre los agujeros laterales. Más reciente es el somier de tela metálica.

Dependencias auxiliares de la casa eran el hórreo, la porqueriza, el «llagar» y el gallinero. Los útiles de labranza se solían guardar debajo del hórreo.

Para alumbrarse por las noches se utilizaba la «candilexa» o candileja, el candil de carburo, de petróleo o de aceite, la campanilla, el farol y las velas. El carburo, el más moderno de estos útiles, era el más generalizado cuando llega la luz eléctrica.

El Museo de la Cerámica

El Museo de la Cerámica de Leopoldo Palacio Carús (Piñera) contiene una ingente cantidad de piezas, siendo de destacar el repertorio de la cerámica del Rayu (Pola de Siero) con elementos datables en 1780. (Para mayor información, ver «Museo de la Cerámica Leopoldo Palacio Carús»)

Los hórreos

Se han contabilizado un total de 361 hórreos, ubicados por parroquias: 94 en Fresnedo, en Gramedo 12, 30 en Pandenes, en Santa Eulalia 87, 74 en Torazo y 64 en Viñón.

La construcción más antigua documentada es una panera de Cervera, que tiene inscripción de 1664.

Los hórreos más modernos pueden tener corredor con barrotes torneados y columnas con capiteles. Algunos están decorados. La decoración, tallada a bisel o pintada, se desarrolla fundamentalmente sobre los liños, que presentan, a veces, sus cabezas talladas.

En Naveda se conserva un hórreo con piso de piedra.

Los lagares

El abastecimiento familiar de alcohol estaba asegurado a través de la fabricación de sidra. De la importancia de este aprovisionamiento da buena cuenta el número tan elevado de «llagares» de sidra que existió en el concejo. Se llegaron a contabilizar 184 lagares. El inventario, por parroquias, es el siguiente: Fresnedo tenía 41, Gramedo 12, Pandenes 7, Santa Eulalia 55, 38 Torazo y Viñón 31. De ellos, el de Sendín conserva «fusu» de madera de los llamados de piedra y el de La Vega «fusu» de madera de los llamados de tijera.

Los molinos harineros

La molienda de grano en molinos pequeños, tanto barquiformes como circulares, está bien documentada en los castros asturianos. Posteriormente, se difundirá el molino romano de sangre, movido por brazos o caballerizas, hasta que acaba implantándose, ya en época medieval, el molino de agua, pero de origen romano, como romanos son también los nombres de las piezas que lo componen.

En 1847 existían 22, de ellos 13 se ubican sobre el río Sales.

Han desaparecido los molinos de El Cura (Gramedo), Bragadoria (Villanueva), los de Sales y el Sotu, en Santa Eulalia. El de El Molinón (Mases), el de Viñón —llamado también Pomar Mayor—, el de Niao, el del Tabayón (Piñera), los del Molinón, el de Espinaredo, el del Molinuco y el de Punegru, todos de Camás; el del Tabayón de los Villares y los molinos de Arriba y Abajo, en La Parte. Se conservan restos del molino de Huerta (Gramedo), El Molinón (Madiedo), el de Viacaba (Viñón), El Llastres (Pandenes) y restos de cuatro en Torazo.

Están armados o en pie: el molino de Naredo (Naredo), La Paruxa (Madiedo), en Villanueva los de Fonfría y Beriñalbe, en Viñón los de Farrica y El Carbón, el de Pando (Candones-Fresno) y de Cecilio (La Sienra).

Los molinos de agua eran utilizados para triturar el cereal. Se desconoce la fecha de inicio de su actividad y se mantienen productivos hasta 1932, fecha en la que empiezan a ser sustituidos por los molinos eléctricos. El primer molino eléctrico del concejo se instala ese año en La Encrucijada y es trasladado en 1944-45 a la plaza de Torazo. El segundo molino eléctrico arranca en Villanueva en 1945 y se traslada a Santa Eulalia en 1950.

La lengua

Existen numerosas variantes locales de la misma. Por ejemplo, «taragañu» y «tarangallu» significan lo mismo: el corazón de una fruta, en dos pueblos situados a escasa distancia uno de otro (Castiello y Madiedo).

Gastronomía

La gastronomía tradicional se basaba en el aprovechamiento de los recursos del entorno. Eran típicas las sopas, agua de cocción sobre la que se echaba pan. Éste era de centeno, escanda, trigo o maíz, la boroña. Con maíz también se hacían las «fariñes» o «farrapes»: maíz molido y cocido en abundante agua. Una vez hechas, se les podía añadir leche.

Otra forma de comer los cereales era en torta, masa delgada, cocida o frita, predominantemente de maíz.

Son típicas «les fabes» (alubias), con su «compango» o acompañamiento de tocino, chorizo y morcilla.

La castaña es otro de los elementos importantes de la dieta. Se dejaba secar para convertirla en «castaña mayuca». A ella hace referencia la composición:

«Fuiste a la romería,

nun me traxisti perdones.

En viniendo les mayuques

¡maldita la que me comes!».

En la actualidad, uno de los platos más típicos e importantes son «les fabes con compango» y el «pitu» de aldea.

Son muy buenos los embutidos fabricados en Naveda siguiendo las técnicas y procedimientos tradicionales, y las carnes, debido a la alimentación natural que recibe el ganado.

Los productos derivados de la caza (jabalí, corzo, etc.) son también exquisitos, lo mismo que las finas truchas de sus ríos.

De excelente calidad es la miel, sobre todo la de Niao, a los pies de Peña Cabrera, donde funciona una industria totalmente artesanal dedicada a la obtención de este producto.

Por último, dos platos muy típicos son el «boroñu de Pascua» y el arroz con leche. De hecho, todos los años, a principios de mayo, se celebra el Festival del Arroz con Leche, en el que hay una degustación, concurso y masiva venta de este refinadísimo plato culinario.

Otro postre típico del «antroxu» o carnaval son «les fayueles», una especie de «crêpes».

Costumbres

La comida tradicional

Se comía al desayuno, la comida y la cena. El desayuno típico consistía en una taza de leche con torta o boroña. En las casas pudientes aquél se precedía de chorizo, torrezno y huevo frito. La comida tradicional estaba dominada por el pote, cocido de patatas, habas y berza, con tocino y morcilla. De postre, una taza de leche con boroña. Para la cena se aprovechaban los sobrantes de la comida.

Actividades sociales

La tradicional estructura agropecuaria impuso formas de trabajo comunitario para hacer frente a las necesidades productivas. Destacan como actividades relevantes la esfoyaza, la siega, «tierrar», la «andecha», la «satisferia» y garrotear.

La esfoyaza o esbilla consiste en deshojar «les panoyes» o mazorcas de maíz para enriestrarlas. Se deja a la «panoya» sólo dos o tres hojas para poder hacer con ellas una coleta.

Comienza la esfoyaza colocando las «panoyas» en el estragal de la casa y a su alrededor se sitúan los «esbiyadores», que separan el material. Las «panoyas» abiertas se echan a los «goxos», una especie de cestos, y las buenas se amontonan donde están los enriestradores. Éstos están ayudados por una moza o un niño que les «apurría» o alcanzaba «les panoyes».

Para que la riestra no se rompiera se tejía sobre mimbres, juncos o espadañas. Las riestras se colgaban, una vez hechas, en los corredores de la casa o en los hórreos. Ya colgada, si no estaba bien trenzada, podía romper, acto que se denominaba «parir la riestra», y de la cual daban buena cuenta los animales domésticos.

La esfoyaza era acompañada con la «garulla» o convite a los que participaban. Se les invitaba con manzanas, castañas, nueces, sidra y, más recientemente, anís o coñac.

La esfoyaza terminaba con el «ramu»; así denominan a la última esbilla de una campaña. Entonces la garulla era mayor.

Otra actividad importante es la siega. Ésta se realiza durante el mes de julio y primeros días de agosto. Se hacía a guadaña, la cual se afila con una piedra de afilar que se guarda en el «gachapo», realizado en madera o asta de toro. La guadaña, para que corte bien, antes de afilarla hay que «cabruñarla» o sacarle el filo con yunque y martillo. La guadaña nueva se lleva a un herrero para acanalarla un poco al objeto de que el filo no roce la tierra. Además se les pone un refuerzo llamado cabestro, que une la agarradera con el plano de la hoja.

El astil se une a la guadaña por medio de un aro que se apretaba con una cuña o pina. Este astil lleva dos manijas para facilitar su uso.

Se inicia la siega a primera hora, con la rosada. Una vez segada la hierba, se procede a «esmoreñar», a esparcir la hierba segada para facilitar su secado. Al «esmoreñar» se separan ya las malas hierbas. Posteriormente, se hacen balagares, que, al día siguiente, se deshacen, volviéndose a «esparcir» la hierba una vez que se come la rosada. Si la hierba está poco seca, se le da la vuelta y «angazándola» o reuniéndola con el «garabatu», «angazu» o rastrillo, se «embalagaba» en montones grandes. Sólo se hacen facinas o montones pequeños cuando el prado está cerca de la tenada.

La hierba se transporta en carros.

Dada la complicada orografía del terreno, es necesario «tierrar» las parcelas para evitar la erosión. Se denomina «tierrar» a subir tierra de la parte baja de la finca a la parte alta del predio, desde el «suqueru», canal de unos cincuenta centímetros, a la «suaría». Esta operación se hace en cestos pequeños con el «basón», carro de escasas dimensiones.

La «andecha» es el grupo de trabajo que se formaba para recolectar. Los «coyedores» o recolectores se colocan en hilera y protegen su mano con una especie de guante de piel de oveja introduciendo el cereal en el «macón», una especie de cesta. Detrás de los «coyedores» van los «pelucones», que recolectan lo dejado por aquéllos.

Para garrotear el trigo se utiliza el garrote, dos palos unidos por un extremo mediante correas. Uno sirve de mango y es ligero. El más pesado y con el que se dan golpes para separar el cereal normalmente es de «briscu» o acebo.

La «satisferia» son grupos de trabajo de los vecinos para atender las necesidades de infraestructura comunal.

El vestido tradicional

Las mujeres vestían de abajo arriba de calzas, escarpín y madreñes. Pantalón más ancho y corto que el del hombre. Tres sayas: la blanca, el «refaxu» y el faldón. En la parte del tronco: camisa o justillo, «xugón» y la manta. Se peinaban casi siempre con moño y mantenían la cabeza cubierta con un pañuelo grande de color oscuro, preferentemente negro.

El hombre va tocado con calcetín, escarpín y «madreñes». Calzones o pantalones largos y atados a los tobillos. Calzoncillos de felpa. De felpa también eran las camisetas de manga larga. Las camisas no tenían cuello, podían usar también blusa. Encima, chaleco, chaqueta y la típica faja, preferentemente de color negro. En la cabeza, montera parecida a la picona. Como abrigo, sayal o lienzo local.

Fiestas, romerías, ferias y certámenes

Las fiestas más importantes son la de San Francisco de Paula en Santa Eulalia de Cabranes, todas las fiestas patronales, el Festival del Arroz con Leche, «correr la ronda», «les romeríes», el Aguilando o aguinaldo, el Antroxu o carnaval, el Escorrer el Gallu», la Pascua con su «boroñu», los «magüestos», Matar Judíos y la Cencerrada.

La mayor cantidad de fiestas y ferias tiene lugar en el mes de mayo.

La fiesta patronal de San Francisco de Paula, en Santa Eulalia, se celebra el segundo domingo de mayo.

El Festival del Arroz con Leche, celebrado también en esas fechas, es un gran concurso que se inicia con un pregón y termina con una degustación y venta de este riquísimo postre.

La fiesta patronal de Camás se celebra el 10 de agosto, si coincide en domingo.

Los mozos de las aldeas, el sábado por la noche, «corren la ronda», dedicando canciones, requiebros y ternuras a las mozas, y si son desdeñados, cantan su angustia.

Las romerías suelen ir acompañadas de procesiones con estandartes, cruz y ciriales en las que no se para de tocar la gaita y el tambor. Por las noches se iluminaban con faroles de vela, aceite o esquisto. Se ponen puestos de sidra y se baila al son de la gaita, tambor, violín, bombo, bandolina y acordeón, las jotas, el pon-pon o la giraldilla. No faltan acróbatas, titiriteros, juegos de ruleta, de bolillos y, sobre todo, de bolos. La introducción de fuegos artificiales o «volaores de colorinos» se produce en la década de 1920. En ellas se subastan los ramos de gala, pan o dulce y los mozos compran «rosquilles» a sus pretendidas. La subasta tradicional de ramos estaba establecida así: una perrona la rosca, un real el «gallu» y tres reales el «galipu» de escanda.

En los campos de la romería se instalaron, antes de su comienzo, los carros con las pipas de sidra adornadas con ramos de laurel, al igual que en las espichas, y los pellejos de vino, cubiertos de pación. Otra forma de transportar la sidra es en botellas, también protegidas por pación para evitar que se rompan y que aquélla mantenga una temperatura óptima para su consumo.

Una romería importante es la de Nuestra Señora del Carmen de Arboleya, que data posiblemente del siglo XVIII. Es una celebración anual que se realiza en el mes de julio. Empieza el domingo anterior a la fiesta del Carmen y termina dos semanas después. Comienza con una procesión en la que, en la fecha señalada, se sube a la Santísima Virgen del Rosario desde la iglesia parroquial de San Julián de Viñón al santuario de Nuestra Señora del Carmen de Arboleya, situado en un centenario robledal. Esta procesión pasa por puntos de enorme interés paisajístico: Peña de Santiago, desfiladero del río Tarandín, vistas de Peña Cabrera, del Cotubelloso, La Corolla, El Cueto, Incós, El Sueve, Monte Castro, Aliño, etc.

Se inicia la fiesta con la salida en silencio de la imagen de la iglesia en andas y transportada por cuatro personas. Pronto el silencio queda roto con el repique de campanas, voladores, música de gaita y tambor que no cesan durante el tiempo que se tarda en recorrer los cuatro kilómetros de distancia existente entre los dos santuarios. Al pasar por Veneros, La Puerta y Arboleya los mayores del lugar se hincan de rodillas. Todos los pueblos por donde transita la procesión se engalanan con colgaduras; se cubre el suelo con espadañas y se levantan arcos de diferentes estilos, reminiscencias de cristianización de tradiciones ancestrales, ya que los arcos son tributos a las fuentes, donde viven las xanas, durante la noche de San Juan.

Desde la ermita de Nuestra Señora del Carmen sale la imagen de Santa Isabel al encuentro de la imagen de la Virgen en La Cruz de Les Llanes, donde se realizó un arco. Una vez allí, ambas imágenes se sitúan una a cada lado del arco y comienzan los cantos tradicionales y avanzan hacia la ermita. Ya dentro de ella, se reza una novena. Finalizados los actos religiosos, comienza la fiesta popular con gaita y tambor.

La imagen tradicional de la Virgen desapareció en 1936 pero fue sustituida por otra Virgen del Carmen traída expresamente de Sevilla.

Dos semanas más tarde se devuelve la imagen a Viñón con el mismo ritual que para subirla. Antes de caerse la capilla de La Puerta en 1963 se bajaba a la Virgen hasta ese santuario en la fiesta de Santiago y por la tarde era transportada hasta San Julián de Viñón.

En Torazo, el domingo anterior al 26 de agosto se celebra, bajo la organización de una cofradía que data del año 1600, una afamada y muy nutrida procesión de ramos en el marco de las fiestas de Nuestra Señora del Carmen, relegadas a esta fecha para no coincidir con las de Arboleya. Tiene esta fiesta tres escenarios distintos: La Plazuela (de sábado), el robledal de la Sienra del Campo de La Sienra (el domingo) y la falda del Pico de Incós (el lunes). Es en este sitio donde se realiza la típica Jira y el cross de subida al Picu.

En Fresnedo, a mediados de agosto, se celebran las fiestas de Nuestra Señora, que culminan con un excelente concurso de carrozas engalanadas, en la que los pueblos rivalizan recreando oficios, costumbres y viejos usos de aldea.

El «antroxu» o carnaval —reminiscencia de las bacanales romanas en las que las sacerdotisas del dios Baco se cubrían parcialmente con piel de tigre portando teas encendidas seguidas de sátiros imitando la embriaguez— tiene una gran acogida en el concejo y es día de obligado descanso. Tradicionalmente se tiznaban la cara con hollín, o se cubre ésta mediante caretas.

Los «mascaraos», con pértigas para dar saltos, van por los pueblos haciendo sonar cacerolas, flautas, botellas con piedras, etc. Llaman a las casas y preguntan si han «entroxado»; al contestarles, rompían los cacharros diciendo:

«Antroxu, fuera

que´n mió casa

ya nun queda».

Normalmente, mientras un grupo entretiene a los dueños, otro entra por las ventanas y cogen los dulces típicos de la fiesta: «fayuelas» y picatostes (torrijas).

La fiesta se complementa con travesuras: tirar huevos cocidos, atar latas al rabo de los perros o gatos, etc.

La comida típica de este día es el pote de verdura con abundante «sustancia»: chorizo, tocino, «xuan» (embutido en el estómago del cerdo), morcilla, adobo curado y abundante sidra. Era una descortesía rechazar una invitación.

Ese día se obsequia a los pobres del pueblo con una cesta de productos alimenticios (chorizos, morcillas, tocino, huevos, alubias, patatas, harina, frutas y sidra).

Otra fiesta importante es la noche de San Juan. En ella existe todo un ritual para festejarla. Los jóvenes, portadores de velones llameantes hechos con corteza de abedul, recorren los pueblos cantando y gritando. Cuando tienen medios, se acompañan de gaiteros, panderetas y otros instrumentos.

Al comienzo de la noche se enciende la hoguera y se inicia la fiesta con gaita, tambor y panderetas, se canta y se danza la giraldilla. Evidentemente no falta la sidra.

Otro elemento importante de esta fiesta es el agua. Se engalanan las fuentes. Se emparejan ramas de laurel, tejo, fresno, etc., flores silvestres y cintas de diversos colores formando arcos, cruces, columnas, cúpulas, etc. Esto se hace para recoger en ellas el agua de San Juan durante la mañana siguiente, ya que ese agua está bendita y la moza que la bebe se casará y tendrá descendencia en el año. Recibirá de las «xanas» muchos bienes. Sin embargo para conseguir esos favores hay que madrugar mucho o no acostarse y beber de la fuente «la flor del agua». «La flor del agua» son los reflejos que producen en la misma los primeros rayos de sol. Esta «flor» la guardan las «xanas» el resto del año.

Para «coger la flor» hay que posar los labios en el agua antes de que otra persona lo haga y la primera en realizarlo deja una señal en laFuente: una rama.

Asimismo, la que se lava en «la flor del agua» se vuelve hermosa y reportará mucha felicidad a su marido. La «flor del agua» tiene además propiedades curativas.

Como en el «antroxu», por la noche los mozos hacen travesuras: sacar los carros de los hórreos y cruzarlos en lo caminos, colocar un «sayador» o espantajo en las tierras de los dueños que son un poco vagos, dejar objetos apoyados en las puertas para que al abrirlas se caigan, hagan ruido y causen un gran susto a sus moradores, etc.

También se engalanan los balcones, las ventanas y los corredores de las casas y se deja en la puerta de la pretendida un ramo de cerezas, flores, cajas típicas, rosquillas, etc.

El «aguilando», «estrena» o aguinaldo es una fiesta eminentemente infantil. Tiene también su propio rito. Para pedir el aguilando, los niños recorren las casas con instrumentos sonoros, van disfrazados de pastores y cantan y bailan coplillas populares.

Los aguilanderos hacen sus actuaciones en los estragales e incluso en las cocinas de las casas. Preguntan a los dueños qué es lo que quieren que hagan: cantar, bailar o rezar.

«Dénos l´aguilando,

señora, por Dios,

qu´aquí estamos cuatro

y bailaremos dos.

Dénos l´aguilando,

señora casada,

huevos y tocino,

longaniza asada.

Dénos l´aguilando,

si nos lo has de dar,

castañas o cuartos,

o algo que tostar».

Se les entrega a los muchachos, entonces, castañas, chorizos, huevos, sidra o dinero. Para recibirlo, los mozos portan una cesta o saco, donde echan lo que les dan. No se permite asistir a mayores o casados. Tienen que ser solteros. Luego comen lo recaudado el día de Reyes.

Las castañas se «magostan», se asan, en el campo y se comen con el resto de las cosas. Se celebra un baile, normalmente al son de la pandereta o, si se recaudó bastante, se contrata a un músico tradicional.

En Torazo, el domingo anterior al 26 de mayo se celebra la Feria de Ganados. Otra feria de ganado importante es la de Naveda, en julio.

También en Santa Eulalia el último domingo de junio se celebra un concurso-exposición de ganados en el que además se ponen a la venta los productos de la artesanía local.

Creencias y mitos

Cabranes aún conserva viva la tradición de sus creencias más ancestrales, que servían para explicar, en un mundo rural y aislado, los fenómenos de la vida cotidiana. Destacamos, entre ellas, las siguientes:

El «ricu avarientu». Se denominaba así a cualquier olor nauseabundo que se producía por la noche. Se creía que provenía de la pestilencia del cadáver de un hombre rico y avaricioso.

Los «arzolinos» u orzuelos son considerados como un aviso de alguna desgracia o como un castigo para quien los sufre.

El canto del «cuquiellu» (el cuco) servía para saber cuántos años le faltaban a una persona para casarse. Cada «cucú» se contabilizaba por un año:

«Cuquiellu marciellu,

barbines de escoba,

¿cuántos años falten

d´aquí a la mió boda?».

El «alma piquiñina» era la que salía de las heridas sangrantes de los niños cuando se cortaban o pinchaban.

No faltan tampoco personajes muy comunes en la mitología asturiana, como el Diañu burlón, que es un diablillo o duende saltarín y alegre que aparece por sorpresa cuando ocurre algo anormal y que tiende a engañar o a divertirse con la persona a la que se muestra. Toma diversas formas: gato montés, caballo, etc., pero la mayoría de las veces aparece representado como una cabra (posible herencia romana del dios Baco) o como un gigante.

La Güestia es la Santa Compaña o procesión fúnebre de muertos vestidos de blanco que portan huesos ardiendo y representan las almas de los vecinos que iban a morir en el plazo de un año. Por encima de la procesión, acompañándola, revoloteaban los paxarones de la muerte (pájaros negros).

La Guaxa no es, como en el resto de Asturias, una vieja con un solo diente que chupa la sangre a los niños, sino un ave de mal agüero mitad humano y mitad pájaro que predice desgracias (muertes, enfermedades, malas cosechas, etc.) mediante un alarido semejante al del cuco.

Por último, les xanes —nombre con el que se denomina aún hoy a la fuente de Argamia— son mujeres jóvenes con cabellos de oro que guardan tesoros y tejen y lavan madejas de cristal. Están protegidas, lo mismo que la fuente o cueva en la que habitan, por el Cuélebre, especie de culebra con alas cubierta de escamas.

Los juegos populares

Son numerosos los juegos tradicionales documentados en el concejo: el escondite, la pita ciega, la pilla, los cucurrusquinos, capar llimaces, el endunu, el lairón, la paliya, la alpargata, la palombina, la pañuluca («el que la coge, la ruca»), el rebuscu, la peonza, la bolacha, el corriberás, el corru les mazanes, el gochu, el botón, el sacu («tiu Simón/ non se si te dará o non»), sacar agua del pozu, el burru, la piedriquina, la piesca, el pulsu, la raya y la singadiella.

Quizás el juego de más arraigo sea el de los bolos. Su modalidad más extendida es la cuatreada. De la práctica tan generalizada de este juego dan buena cuenta las 40 boleras que había en el municipio. Es obligatorio jugar en ellas durante las ferias, romerías y fiestas. Las hay cubiertas y sin cubrir, siendo estas últimas las más antiguas.

La primera bolera cubierta que se construyó fue la del bar El Tropezón. En 1942 se cambió su cerramiento de madera por otro de ladrillo.

La segunda bolera cubierta del concejo es la del bar La Llan

Historia de Cabranes

Cabranes, que no tiene un topónimo de origen conocido, ni romano ni prerromano, es una tierra de ocupación temprana. Este concejo comenzó a habitarse en el Neolítico por gentes que se dedicaban fundamentalmente al pastoreo. Ocupan, entonces, las zonas altas del territorio, propicias al mantenimiento de pradera natural. Testigos de su presencia son los túmulos funerarios que nos dejaron en Monte Aliño (Fresnedo), en Monte Incós (La Parte) y en Peña Cabrera (Niao). Esta población tiene continuidad cronológica en la Edad del Bronce, que deja insculturas en La Peña de Santiago (La Puerta), lugar que tendrá posterior ocupación medieval.

Colabora con nosotros

Notificar error | Sube tu información | Ayúdanos a mejorar

Medio ambiente

Contribuimos a reducir la huella de carbono | Ayúdanos a cuidar de Asturias

Referencia

TIF2Q08 45NR32H 9WQ0918 26K2C86

Derechos de Propiedad Intelectual e Industrial

© 2021 EuroWeb Media, SL

 



Dónde comer Dónde dormir Etnografía Eventos Patrimonio cultural Patrimonio natural Info práctica Turismo activo Reseñas Favoritos Buscar Altas